Durante décadas hemos escuchado el término “ponerse la camiseta”, haciendo referencia al empleado comprometido y bien identificado con la cultura de su organización. Ahora ya hay un término específico para esto: Employment Engagement. J. Forte lo define como “la conexión de los empleados con sus respectivos trabajos, la sensación de ser un elemento importante y crítico para su éxito”.
Estar engagement puede traducirse como estar comprometido con la empresa, casarse con la empresa, es decir que se la amará en la salud y en la enfermedad hasta que la jubilación los separe. Si bien puede parecer algo idílico, es posible.
Quienes han sido empleados por largo tiempo tal vez puedan evocar, o mejor aún remitirse a la situación presente y describirnos su lugar de trabajo como un espacio en el que realmente les gusta lo que hacen; dónde se sienten bien con sus colegas, sus subordinados y sus superiores; un empleo en el que la satisfacción por el trabajo bien hecho es una de las recompensas más gratificantes. Para todos lo que hemos vivido esta experiencia, el employment engagement no tiene mayor secreto, es por encima de todo un vínculo emocional.
En su entrevista a HR Magazine S. Bates, describe el employment engagement, como un desafío que poco tiene que ver con el salario de un empleado. Tampoco con su satisfacción porque algunos de éstos se hallan muy satisfechos de no tener que producir bajo presión. En cambio, tiene mucho que ver con cómo un empleado siente su experiencia de trabajo y cómo es tratado; es decir, con sus emociones.
Valdría entonces volver a pensar en el término que fue un boom en los 90’s de la mano de Daniel Goleman, la inteligencia emocional, reinventándolo en el contexto de empresa y acuñar un nuevo término, o mejor aún un nuevo modelo: inteligencia emocional empresarial.
Sabemos que la inteligencia emocional, sea interpersonal o intrapersonal, es la clave para la motivación, la capacidad de liderazgo, para la asertividad en la toma de decisiones y muchos factores que contribuyen a la excelencia y a mantener el “ecosistema” laboral saludable.
Otro de los factores que apuntalan y fortalecen el escenario laboral es la comunicación. Y aquí podemos hablar de la “ontología del lenguaje”, que contempla el lenguaje como un accionar, es decir un elemento generativo capaz de crear realidades, algo así como el “hágase la luz y la luz se hizo…”; una comunicación efectiva se traduce entonces en acción efectiva, un objetivo más que deseable para las empresas.
Imaginémonos entonces lo enriquecedor que puede ser dentro de una empresa el soporte de la inteligencia emocional aplicada, más el trabajo dentro del marco de la ontología del lenguaje, resultando un cóctel vitamínico capaz de potenciar o gestar desde cero el employment engagement.
Finalmente el employment engagement consiste en ayudar a las empresas a establecer una administración y una relación con empleados basada en relaciones duraderas sólidas, que a su vez promuevan el desarrollo del comportamiento organizacional adecuado para construir marcas, mejorar desempeño y conquistar nuevas metas de negocios.
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