Es que no me llegó tu correo. Esa no es mi chamba. Yo ya lo pasé, lo demás no es asunto mío. Mejor lo entrego mañana. Nadie me explicó cómo era.
Estos y muchos otros son los pretextos que día con día pueblan los espacios de trabajo, ¿Qué haríamos sin nuestras excusas?
Definitivamente hay "excusas" razonables y genuinas, sin embargo esas son las menores y poco recurrentes. Seamos honestos, parte de nuestra idiosincrasia conlleva cierto grado de informalidad, razón que nos hace menos competitivos de lo que en realidad podemos llegar a ser. El nuestro es un país con gente muy tenaz, un país de emprendedores, de gente con iniciativa y capaz de sortear muchos obstáculos para alcanzar las metas trazadas; imaginemos entonces lo que significaría refrendar nuestro compromiso y dejar de lado los pretextos, esos clichés de los que echamos mano para justificar dar sólo el 99% del esfuerzo cuando bien podemos ofrecer un 100% y hasta un 110% más de lo que se espera de nosotros.
Cuantas veces pudimos haberle dado seguimiento a un proyecto, haciéndolo nuestro, responsabilizandos de llevarlo adelante y sin embargo nos quedamos a medio camino sólo por no revisar una última orden o hacer una llamada de comprobación?...Este es el pan de cada día y una falla habitual, no sólo para la organización si no para nosotros mismos, pensando en pequeño, sin adueñarnos de nuestro propio destino, ejerciendo plenamente y en nuestro rango un auténtico liderazgo.
Esta es una invitación a no fallarnos, una invitación a creer y crecer, porque es posible elevarnos por encima de nuestras capacidades actuales y hacer y ser más.
martes, 11 de agosto de 2009
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)